Bibliófilos… ¿o bibliófagos?

Bibliófilos... ¿o bibliófagos?

Los “bibliófagos” son bibliófilos… pues de tanto que les gustan los libros, se los comen (biblos + fagos = libros + comer).
Desmiento que me alegre cuando me llama un archivo diciéndome que tiene los fondos infestados de hongos, cascadas de agua manando del techo u otras desgracias. El que toca la zambomba es el lepisma, y no yo, que me solidarizo con la preocupación del archivo para solucionarlo tan pronto como sea posible!
Las medidas de preservación y restauración serán siempre necesarias. Incluso si los bibliófagos se redimieran gratificándose con otros manjares, diferentes factores acaban haciendo necesaria la figura del conservador-restaurador.
De los daños que puede sufrir un documento, y a los que un buen restaurador encontrará casi siempre cura o remedio, tenemos (según causante del mismo):