El valor de las Cosas

La venus de Milo, por ejemplo: a ningún restaurador en sus cabales se le ocurriría terminarle los brazos… ¿Qué hacía esta joven? ¿Quién podría tener la certeza? ¿Quién osaría ponerse a la altura del artista para hacer una aproximación, aún y admitiendo que se tratara de una hipótesis? O ¿qué iluminado modificaría la auténtica para darle un nuevo punto de vista? Tiene tanto significado por ella misma, tal como es, que “funciona” aún y amputada, nadie considera que se haya estropeado. A saber si hace dos mil años este pedazo de mármol era un toallero, o tenía otra función (religiosa, cultural) que sobrepasaba la “meramente” artística… El valor y el significado que le atribuimos hoy veta cualquier intento de “arreglarla” o “mejorarla”, porque ya va sola tal como es.