Los “papelitos ADLAN” y el tacto

Los restauradores somos raritos, nos emocionamos con papeles destrozados que pongan a prueba nuestra pericia. Cuando nos ponemos vacilones, lo que más nos gusta restaurar son objetos que parecen irrecuperables, de esos que nos dejan frente al cliente como super-héroes del papel: “¡Dios mío! Con lo sucio y arrugado que estaba… Pero si estaba hecho trizas… ¡¡¡Parece imposible!!!”.
O también piezas muy raras: aquellas que tienen unas características especiales que nos hacen buscar técnicas y tratamientos alternativos… ¡que son una pesadilla! Pero que al final, superada la prueba, nos dan el gran premio de un nuevo aprendizaje. Sigue leyendo