El químico y el restaurador: una relación amor/odio

Una experiencia catártica: Así podríamos calificar lo que representa para un restaurador el asistir a un curso de química. Vamos allí con un cierto respeto (por no decir miedo) y el anhelo de que nos descubran un reactivo milagroso que cambie nuestra vida. El pobre restaurador apenas podrá discutir con un químico, ya sea sobre las reacciones que tienen lugar durante la restauración, o en el propio envejecimiento; y sin embargo debe cuestionarle, mantener vivo ese diálogo.
Pero gracias a Richard Wolbers, creo haber hecho las paces con la química de la restauración y sus científicos. Sigue leyendo