El retoque ¿un tabú en la restauración de papel?

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El retoque en la restauración, una profesión en evolución

Viollet-le-Duc com Sant Tomàs

La conservación ha evolucionado mucho desde sus inicios en lo que refiere a criterios. Desde la restauración que pretendía dar al objeto un aspecto que no habría tenido nunca, desarrollada por Eugène Viollet-Le-Duc en el s.XIX, hasta algunas tendencias actuales que aspiran conservar cualquier añadido al objeto con la idea de que todo es igualmente significativo históricamente. Ha habido, y hay, variedad puntos de vista en la materia.
Viollet-le-Duc puso más énfasis más en la recuperación de la idea asociada al patrimonio (la suya) más que no en la conservación de ese bien en concreto con sus particularidades (edificios, en su caso, pues era arquitecto). Este enfoque llevó a Eugène a retratarse a sí mismo como a Santo Tomás, en una de las esculturas recreadas de la malograda Nôtre-Dame.
Queda claro que el criterio es lo más controvertido en una restauración, y seguramente el retoque el que se lleva la parte más compleja dentro de ésta, porque tiene que ver con el aspecto que esperamos que tenga el objeto restaurado.

La reintegración en papel, tres ejemplos de retoque

Todos los restauradores debemos hacer frente a toma de decisiones y posicionamiento de criterios, y para el caso de los especialistas en papel hay el inconveniente añadido, probablemente, de que la reversibilidad en el retoque no se consigue de forma tan efectiva como en otras disciplinas, si es que la reversibilidad absoluta ha existido alguna vez [1].
He aquí tres ejemplos. Algunos son para cubrir manchas, o bien lagunas; algunos están hechos sobre el original y otros en un injerto añadido. Algunos pretenden ser lo menos visibles posible y otros ser percibidos a una cierta distancia. En algunos se “inventa” la laguna, mientras que en otros no hacen falta suposiciones tan críticas. Algunos son totalmente reversibles y otros, no tanto.
Difícilmente me quedo satisfecha del todo en este tipo de tratamientos (¿a que no soy la única restauradora que por mucho que insista en la restauración, siempre continua viendo daños?). Y a pesar de todo, pienso que el retoque ha mejorado el resultado final dotándolo de coherencia y mayor legibilidad, buscando en todos los casos hacerlo de la forma más reversible posible, y menos agresiva.

  • Ejemplo 1: 
    Esta página es de un libro sobre la obra de Dalí, en la que hay una dedicatoria a rotulador de Dalí a su propietario (primera foto). La página tenía un pegote de cola cerca de la dedicatoria. Quité la cola pero entonces el papel se reveló menos oscurecido que el resto, por haber protegido la cola al papel frente a la oxidación (2ª imagen). Reducir la mancha lavando la hoja no se consideró por la solubilidad del rotulador. La última imagen muestra la mancha después de retocar con acuarelas esta reserva de oxidación, haciéndola lo menos visible posible.
    Stain removal through retouching on paper
  • Ejemplo 2:
    Un dibujo de gran formato a gouache bastante  sucio y degradado. Después de lavar y consolidar, las lagunas se retocaron con gouache, en un tono levemente más claro. Si bien abundantes, las lagunas eran muy pequeñas y en ningún caso hizo falta interpretar las líneas del dibujo. El retoque no se aprecia apenas viendo la obra completa, pero sí observándola en detalle. No se utilizaron capas barrera porque manchaban la obra y por ser las lagunas muy pequeñas. (El vídeo tiene subtítulos en castellano, se activan pinchando el icono en forma de tuerca, a bajo, a la derecha).

  • Ejemplo 3:
    Otro dibujo a gouache de gran formato, con características parecidas al anterior y tratamiento similar (limpieza húmeda y consolidación), pero en este caso el retoque no se hizo sobre el original sino sobre los injertos añadidos, con acuarelas y gouache. En esta ocasión el criterio fue mimético (o ilusionista) en las lagunas más pequeñas (o sea, intentando recrear la pérdida) y de tinta neutra en las mayores. La restauradora no pretende ponerse al mismo nivel que el ilustre Joan Ponç recreando lo ausente; pero en este dibujo en concreto -con líneas más bien caóticas en toda la superfície- las lagunas se confundían a simple vista con las manchas y trazos. A mi entender las lagunas no retocadas creaban más distorsión que la pueda ocasionar la interpretación personal de un retoque mimético de pequeña magnitud. En la laguna más grande (esquina inferior izquierda), sin embargo, era muy complejo «terminar» el dibujo (habría que ser osado como Viollet-le-Duc), y se reintegró con un papel teñido en un tono parecido al fondo, una tinta neutra. El resultado es lo suficientemente visible como para que el observador aprecie que se trata de una pérdida en el papel, y sin embargo no llama la atención por encima de lo deseado en la obra.
    Before conservation Joan Ponç "Gran Pastoral" (després )
    Gouache on paper in-painting treatment (before, after) Gouache on paper in-painting treatment (before, after)Gouache on paper in-painting treatment (before, after)

¿El retoque es un tema tabú en la restauración de papel?

La restauración de papel y libros se suele relacionar con material de archivo y biblioteca, y quizás por eso el retoque se ha considerado como un aspecto secundario dentro del proceso global de restauración. Al menos comparado, por ejemplo, con la restauración de pintura, donde el debate sobre el aspecto que debería tener una vez restaurada se discute abiertamente. ¿Puede ser que haya un cierto pudor en reconocer que se retoca, en la restauración de papel?

En mi opinión la apariencia de un objeto histórico es a menudo tan importante como las condiciones físico-químicas que lo sustentan. No intervenir en él puede dar lugar a resultados mediocres que afecten negativamente la legibilidad de la obra, más que con una ausencia de intervención. Doy por hecho que la reintegración cromática o retoque se ha de hacer como resultado de un estudio exhaustivo del objeto, de su función, su significado y el contexto de la colección a la cual pertenece, y después de haber agotado todos los tratamientos previos necesarios (limpieza, consolidación, aplicación de capas barrera, etcétera).
Quizás esta sensación de tabú se debe al paradigma asumido de que los  tratamientos deberían ser los menos invasivos posible (mínima intervención), cosa que puede llevar en la peor de sus acepciones a la pasividad, a la idea de que nada es lo suficientemente reversible, ni distinguible, ni invisible, ni neutro… ¡por Dios! si nada es nunca suficientemente bueno, quizás al final será mejor no hacer absolutamente nada. Esto conllevaría el riesgo de una pérdida de competencias [2] en el retoque, y también el de polarizar los principios de restauración en los ámbitos público y privado.

Precisamente porque es un tema controvertido, se tiene que hacer de la mejor de las maneras (lo más reversible posible, aunque no en 100%, lo más neutro, menos invasivo, etc.) y por profesionales expertos. Esto debería dar lugar a una unificación de los estándares, en lugar de polarizarlos. Hablar abiertamente sobre las cuestiones que se nos presentan cuando retocamos, o reintegramos en general, sólo puede llevarnos a una mejora de las técnicas  y resultados.
Imagino que estamos todos de acuerdo en que la reintegración de lagunas es un tratamiento que se debe considerar caso por caso. Incluso utilizando programas para conseguir que los criterios en el retoque sean lo menos arbitrarios posible, lo más neutros posible, siempre habrá un factor de buen gusto detrás del resultado final. Y este gusto o criterio sólo se puede conseguir con la experiencia (colectiva), la práctica y un contexto de ejemplos cuanto más amplio mejor.

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Agradecimientos:

Ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès (Barcelona, España) per darme la oportunidad de trabajar en una obra tan bonita (2º ejemplo), actualmente expuesta en Can Quitèria (Sant Cugat del Vallès). También a los coleccionistas privados y propietarios de las obras del 1er y 3er ejemplos. Los tres objetos demandaban una toma de decisiones compleja en la que el aspecto visual era de especial importancia, de forma que su restauración ha sido todo un reto y un aprendizaje. ¡Muchas gracias!


Bibliografía:

Poulsson, Tina Grette: «Retouching of art on paper», de Archetype Books, London (2008). ISBN-10: 1904982131, ISBN-13: 978-1904982135.


Notas a pie de página:

[1] Reversibility – Does it Exist? («Reversibilidad: ¿Existe?») British Museum Occasional Papers, #135 (1999). Andrew Oddy, Sara Carroll. British Museum Press. ISBN-13: 978-0861591350,  ISBN-10: 0861591356.

[2] Jonathan Ashley-Smith (2016) Losing the edge: the risk of a decline in practical conservation skills («Perdiendo el norte: el riesgo de una disminución en las competencias prácticas en la restauración», Journal of the Institute of Conservation, 39:2, 119-132, DOI: 10.1080/19455224.2016.1210015. Ashley-Smith también ha comentado él mismo su publicación en esta entrada del IIC (haz clic aquí).


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2 thoughts on “El retoque ¿un tabú en la restauración de papel?

  1. Parece un debate anticuado pero no lo es. Hay un elemento importante detras de todo esto (y el retoque no es el asunto más controvertido) y es la pérdida de la práctica. en la formación y en el ejercicio profesional de los restauradores y, en especial de los restauradores documentales. Coincido con Ashley Smith en la pérdida de habilidades de los restauradores. El miedo a meter la pata nos ha levado al disparate de acabar convirtiéndonos en «buscadores de títulos» y al distanciamiento del trabajo manual y su sustitución por el de «investigadores preventivos». Odio las analogías con la medicina, pero es como si no estuviéramos convirtiendo en cirujanos que en lugar de operar hicieran diagnósticos muy detallados. ¿El paciente seguiría viviendo con solo diagnosticarle una peritonitis? Las cagadas monumentales que vemos de vez en cuando (y sin ir más lejos, Violet y sus seguidores son maestros en cagadas) no justifican que cada vez se restaure menos. Hay que hacerlo con conocimiento y buena praxis. Teoría y práctica, ambos ámbitos de trabajo no están reñidos. La investigación y la práctica son dos caras de la misma moneda: sin una de ellas, la otra no vale nada.

    Respecto al tema del retoque, es magnífico el libro de Poulsson, Tina Grette, «Retouching of art on paper» de Archetype Books, London (2008).

    • hahhahaa…
      Muchas gracias por tu comentario, Arsenio.
      Yo creo que hay objetos para todo, y uno puede «arriesgar» más en determinados casos con características concretas, en los que las pifias sean asumibles y nos reporten una experiencia para proyectos más sensibles. Por eso pienso que es crucial compartir, entendiendo que el contexto importa, que el hecho de que uno haya hecho algo de una determinada manera no queire decir que lo aplicaría indiscriminadamente a todo.
      En cuanto al amigo Viollet, desde luego su criterio es injustificable hoy, pero pienso que él estaba restaurando Francia, su idea de Francia, y no su arquitectura, por lo que -directamente- no lo considero un restaurador de patrimonio y por ello no ha lugar a juicios de valor dentro de la conservaión-restauración patrimonial. Además ya sabemos que los arquitectos tienen un ego… ¡como una catedral!

      Tengo el libro de Tina Grette, que fue alumna del curso de retoque en la edición pasada, un superlujo de alumna ¡vamos! (y además le pedí que me lo dedicara, claro).
      Tina Grette en el curso de Barcelona
      Voy a ponerlo como bibliografía, gracias por notar su ausencia.

      ¡Un besote!

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